Soy una fiel seguidora del beisbol como toda buena cubana. En nuestro país no hay distinción de sexos o de edades cuando de pelota se trata; no en balde se considera nuestro deporte nacional.
Desde niña, el televisor de mi casa estaba a disposición de los enfurecidos juegos beisboleros, mi abuelo, quien me enseñó a entender el terreno de las tres bases y los tres jardines, también fue un enfurecido seguidor de este deporte.
Desde niña, el televisor de mi casa estaba a disposición de los enfurecidos juegos beisboleros, mi abuelo, quien me enseñó a entender el terreno de las tres bases y los tres jardines, también fue un enfurecido seguidor de este deporte.